El veganismo

Ante un reciente revuelo extraño en las redes sociales, con diferentes comentarios negativos hacia los veganos voy a dar mi opinión y un poco de filosofía barata —y zapatos de goma— acerca del tema, ya que me toca de cerca porque soy vegetariano de toda la vida y vegano en los últimos años. Aclaro que vengo en ¨son de paz¨ y no me interesa señalar ni convertir a nadie que piense diferente a mí. Trataré de ser breve en un tema con el que puedo explayarme por horas.

Cuando tenía 3 años y adoraba —como muchos niños— a los animales, decidí que no quería comer ningún tipo de carne, por un fuerte sentimiento de compasión hacia todos aquellos seres vivos. Mis padres, de mente abierta para la época, decidieron respetar mi temprana decisión, aunque en el fondo pensaban que era una fase y en pocos días me olvidaría de aquello. Contrario a esos pronósticos, mi gusto por la vida vegetariana fue creciendo; a medida que me iba enterando de que una hamburguesa era carne —aunque no se veía como ninguna parte de un animal— la rechazaba completamente. Y así, al poco tiempo me volví totalmente vegetariano con un poco más de 3 años.

Muchas veces fui tomado de punto y burlado en alguna casa a la que iba a comer, en campamentos, o en colonias de verano. Corrían los años 80 y 90 en Argentina y eso de no comer carne parecía ser algo muy raro para un niño. Sin embargo seguí igual, pensando lo mismo; la idea de ser vegetariano siempre fue para mí lo más natural del mundo. Una infinidad de veces me dijeron señalando a unas carnes asadas: ¨¡no sabés lo que te estás perdiendo!¨, y de verdad nunca me interesó la idea de comer carne, sino más bien todo lo contrario.

Aclaro que nunca tuve un sentimiento negativo hacia todo el resto del mundo no-vegetariano, y de hecho siempre conviví con el hecho de ser el único de mi familia que no comía carne.

El tiempo pasó y con 22 años recién cumplidos me fui sólo y muy lejos, a estudiar música a otro país. La vida de estudiante es intensa para crecer y superarse, aunque dormir y comer sanamente se quedan en un triste segundo plano. Tenía poco dinero, pero mío, y con eso comía casi todos los días una combinación milagrosa: una promoción de 2 porciones de pizza nucleares + un vaso gigante de Coca Cola por tan sólo $4. También recuerdo comer mucho chocolate —uno que tenía gusto a suelas de zapatos—, tortas marmoladas y otras fantasías dulces de origen misterioso. Ahora pienso que en realidad extrañaba muchísimo a mi familia, y aquello era una forma simbólica de acercarme hacia la delicia que es estar acompañado.

Cada vez que regresaba a Argentina me hacía todos los exámenes médicos correspondientes, y una vez llamó la atención un punto de colesterol que alcanzaba un valor un poco más alto de lo normal. Es que claramente vivía a base de pan, queso y químicos comestibles, en un país en donde la gente con menos recursos jamás se muere de hambre sino de todo lo contrario: de enfermedades relacionadas con el sobrepeso.

Con el paso de los años después decidí hacer un cambio positivo a favor de mi salud, y comencé a inclinarme con más fuerza cada vez en la idea de llevar una vida más sana desde la alimentación. Le dije adiós a todos los azúcares procesados y a muchos otros productos que envenenan, buscando consumir preferentemente productos orgánicos e incursionando en los llamados ¨super foods¨.

En ese camino de investigación y de cambio me encontré con algunos textos y documentales que hablaban del veganismo, y fue en ese preciso momento cuando me sentí completamente identificado con ideas que resonaban en mí de toda la vida.

Inclusive cuando era vegetariano, me parecía rara la idea de comer productos de origen animal como el huevo, la leche o los quesos; siempre había algo que no me terminaba nunca de cerrar aunque esos productos me gustaban mucho. Si el concepto del veganismo hubiese existido en mí en mi infancia, hubiese optado por aquello desde siempre. Simplemente no sabía que existía tal cosa, que era posible vivir sin consumir productos animales.

Con mucha curiosidad y determinación un día decidí hacer el ¨desafío vegano¨ por una o dos semanas a ver qué tal, y ya pasaron más de 2 años y medio y me siento mejor que siempre. Descubrí que ser vegano es mucho más fácil de lo que pensaba, es un estilo de vida que está lejos de ser extravagante o complicado, y disfruto siempre de comidas deliciosas. Estas son algunas de los cambios que sentí al poco tiempo (y sigo sintiendo hoy):

– duermo bien, tengo mucha energía todo el día y no volví a tener más esa sensación de pesadez
– bajé a mi peso natural, el que me hace sentir liviano y balanceado siempre
– mi sentido del gusto y del olfato se agudizaron, es como si antes hubiesen estado algo anestesiados o sobrecargados
– comencé a cocinar e incursionar en muchos platos nuevos y variados
– me gusta la costumbre de ver los ingredientes de cada producto que compro, saber cuando hay letras pequeñas que antes no veía

No voy a hablar ahora del tema de los animales porque ya se imaginarán lo que siento y pienso desde que tengo uso de razón. No es mi intención que piensen todos igual que yo; el mundo es más bello cuando creemos y pensamos diferente, y podemos estar en paz con aquello. También aclaro que no creo estar salvando al mundo entero ni a todos los animales por ser vegano, es simplemente mi forma de abrir un poco más los ojos y decir ¨ya basta¨. Basta de consumir indirectamente un exceso de publicidades invasivas (que ya no me afectan), basta de consumir productos (químicos, con excesos de pesticidas, refinados, modificados genéticamente) sin saber. Aunque sea quiero tener la consciencia y la opción de decir que no.

Hay muchas costumbres de la antigüedad que fueron y siguen cambiando, y eso es una evolución que está muy bien. El veganismo es un grano de arena sí, pero uno que me hace bien a mí, y estoy seguro que a muchos más también.

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